Hace tres años que me dedico al arte visual en Buenos Aires, donde nací y viví toda mi vida. Se dio muy naturalmente ya que soy apasionada de los deportes de tablas y siempre estoy rodeada de gente que también. En el 2012 hice un viaje por Sudamérica en donde conocí a un shaper que me prestó su taller y un amigo de el me cedió su tabla para que la pinte. Nunca lo había hecho pero hace días que venía pensándolo. Esas horas que le dediqué al pintado fueron como un viaje aparte, no pensaba en nada más que en lo que estaba haciendo y en el mundo en el que me estaba metiendo. En ese momento no tenía idea de que mi vida estaba tomando un giro, fue el principio de un nuevo camino, un nuevo estilo de vida. A partir de ahí el trabajo empezó a fluir, se acercaban personas a pedirme que les pinte sus tablas, autos, paredes y cualquier cosa que tuviese una superficie que se pueda customizar.

Siempre admire a quien se dedicó profesionalmente a algún deporte de tablas, y creo que encontré una manera de esta relacionada al estilo de vida que conlleva.

Las tablas son de los soportes que más me gusta intervenir, ya que el proceso no finaliza cuando yo termino de pintarla, sino que después toma otro significado cuando esta en movimiento e interactúa con quien la ande.

A partir del arte logré un estilo de vida muy conectado con la naturaleza, los viajes y los deportes, creo que de ahí nacen gran parte de las inspiraciones.

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